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Maldicamentos

(columnajavier)

Mala la discusión sobre medicamentos en que se reprochan mutuamente la Cámara de Innovación Farmacéutica (CIF) que reúne a los laboratorios extranjeros cuyas filiales son meros importadores, la Asociación de Industriales de Laboratorios Farmacéuticos (Asilfa) de los laboratorios nacionales, las farmacias y autoridades de la salud. Cada uno reprocha al otro. El gran ausente y principal autoridad en la materia ha sido la Fiscalía Nacional Económica y el Ministro de Economía (Sernac).

 

El tema nace de denuncias de los consumidores, reportajes de prensa y una mediocre legislación por parte del estado y parlamento culpables de ignorar la existencia de un mercado muy imperfecto y discriminatorio.

 

Por ejemplo, si alguien desea importar whisky, cerveza, vinos, cigarrillos y otros bienes cuyo consumo puede ser dañino en diferentes grados para las personas, no hay inconvenientes ni barreras a pesar de las campañas del estado en contra de los males que puede producir su adicción. Se puede importar sin mayor trámite. Se paga el arancel 6 % o 0 % si proviene de algunos de los cincuenta y tantos países con los que tenemos tratados de libre comercio, y al ingresarlo el IVA correspondiente. En cambio, si alguien quiere importar medicamentos se encuentran con barreras insalvables de parte de las autoridades y de los representantes locales de los laboratorios extranjeros. La autoridad exige la tramitación en el ISP, exhibir una receta médica y si es para animales la autorización del SAG. Si es para comerciarlos, solo podrían hacerlo las farmacias, pero los laboratorios extranjeros representados en Chile no le venden directamente, solo se puede comprar a la filial chilena. Si es de un laboratorio sin representación en Chile tiene que cumplir con las restrictivas normas del ISP para que lo acepten como un medicamento “bueno”, mostrar la idoneidad del fabricante, la fórmula para su elaboración del principio activo y la mayor dificultad, las pruebas en humanos que demuestran que son curativos sin efectos colaterales. Esto implica una considerable inversión por parte del importador, aun cuando se trate de farmacéuticas extranjeras de reconocida solvencia y productos protegidos por patentes otorgadas por países serios.

 

Estas prácticas han sido forzadas por las farmacéuticas más importantes. De ahí que no puedo importar para vender en mi farmacia, por ejemplo, productos Pfizer producidos o importados en otro país. Pfizer solo me vende si compra de su filial Chile. Lo mismo hacen los demás laboratorios reunidos en una asociación “innovadora” como pretenciosamente se autodenomina.

 

De ahí que una caja con igual contenido en Chile cuesta 2,5 veces mas cara que en Perú y 27 % mas cara que en Colombia, ejemplo que se repite en muchos otros medicamentos como ha sido revelado en la prensa.

 

Las farmacéuticas extranjeras alegan que en otros países los precios están fijados. Pero ese no es un argumento válido para el importador chileno ni para el estado. Además, aun con precios fijados la farmacéutica dueña de la patente vende en el país con controles de precios lo que indica que sigue siendo rentable. Las normas de la OMC permite que la filial chilena inicie acciones por conductas antidumping del oferente extranjero, pero no lo hará por ese es también filial del laboratorio productor. Hermano contra hermanol. También alegan que cuando se trata de otros productos importables del extranjero son “copias” incluso han acusado a farmacéuticas nacionales. Sin embargo, no ha habido procesos en la justicia por tales presuntos actos. Es más, si importa en forma individual con receta médica, no me ponen estos atajos. Los laboratorios nacionales suelen producir genéricos que son medicamentos cuyas patentes de protección ya caducaron por lo que su proceso de producción es de libre disposición y otros de su propia iniciativa que han demostrado la bioequivalencia.

 

La autoridad exige que el importador con fines comerciales o el productor nacional demuestre esta bioequivalencia, esto es, que el medicamento que pretende vender produce los mismos efectos en iguales circunstancias que el de marca que goza de patente.

 

Existe además otro problema de mercado que es la discriminación de precios. Un mismo medicamento se vende al estado (Cenabast) al 10 % del precio de venta a las farmacias (Eutirox). La CIF argumenta que ello se debe a que al estado se le vende “a granel” en tanto a las farmacias le venden envasado. ¿Cree Ud. que a la Cenabast se le venden Celebra en sacos de 80 Kg o en camiones con tolva? La mayoría de los medicamentos vienen protegidos en plásticos por ejemplos en tiras de 10 píldoras o cápsulas. Lo mismo respecto a los que se venden al estado, por lo tanto la diferencia en venta “a granel” y envasado es la caja con un papelito inútil que indica las características del remedio que el médico ya indicó. En el caso del Eutirox, es difícil pensar que esa caja de cartulina impresa y el papelito descriptivo pueda costar $ 5.409 que es la diferencia $ 6.039 (precio a farmacias) y $ 630 precio a Cenabast. La CIF se defiende explicando que no es solo la caja y el papelito sino que hay además otros costos como el marketing, la publicidad, almacenaje, sueldos, etc. El marketing va dirigido a los médicos que son los verdaderos vendedores cuando recetan. Es indiferente que los médicos objetivamente marketeados trabajen en servicios públicos o privados. La venta a Cenabast exige también otros costos como es el proceso de licitaciones públicos, determinar precios y condiciones de pago ofrecidas al gobierno, plazos y lugares de entrega, lotes mínimos, etc. Es decir, gastos que según ellos declaran se los estarían cargando al precio a las farmacias.

 

Para rematar las imperfecciones del mercado, el estado ha legislado mal. Ha habido propuestas para que los remedios sin recetas puedan ser vendidos en cualquier lugar, supermercado, ferias, puestos de diarios, etc. Aquí laboratorios y farmacéuticas se han puesto de acuerdo para el lobby en contra. Las farmacias señalan que ellos deben ocupar en cada local un farmaceútico que oriente al público, lo que por experiencia puedo sostener que no es cierto. Nunca están presente en el mesón de atención. En varias ocasiones he requerido que me atiendan y la respuesta es que “no atienden público”. ¿Qué diferencia habrá entre comprar una aspirina en un almacén o una farmacia? Ninguna. Si fuera por especialización, las farmacias no deberían vender artículos de tocador, comidas de perro, peinetas ni calcetines. No se necesita ser químico farmacéutico para ello.

 

La ley de fármacos permitía la venta libre de los que no requieren receta, pero el lobby fue más fuerte, salió trunca porque el ministerio de salud y del parlamento cedieron. Mientras tanto seguimos en presencia de un mercado excesivamente imperfecto y las autoridades en silencio. Conductas anticompetitivas de parte de los laboratorios y también de las farmacias. Nuestro mercado de medicamentos es de anticuarios. Igual que la estructura que tenían los mercados chilenos del siglo pasado.

Javier Fuenzalida Asmussen

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