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Inmigrantes

 

La corriente migratoria hacia nuestro país no es nueva. Es tan antigua como Chile. Aparte de los descendientes de pueblos originarios que, según el último censo, suman 2,2 millones de personas, el resto, de una forma directa o indirecta tienen raíces de inmigrantes de todo tipo de condición social o económica en sus países orígenes. Algunos llegaron para hacerse “la américa”, unos pocos lo lograron, otros llegaron huyendo de persecuciones religiosas, dictaduras o simplemente porque les dijeron que este era un buen país.

 

Aparte de los inmigrantes coloniales, castellanos, vascos, catalanes y de otras regiones de España, a partir del Chile independientes hubo otras corrientes. La más importante fue la promovida por el propio gobierno a través de Vicente Pérez Rosales y que se materializó con un buen número de alemanes que se establecieron en tierras que el gobierno les asignó de Valdivia a Puerto Montt. Fueron bien recibidos y contribuyeron a incorporar esas zonas a la economía, la sociedad y la política de Chile. Posteriormente en Copiapó, con su fiebre de oro cobre y plata a mediados del siglo XIX recibió otra corriente inmigratoria desde Europa y que se repitió en Tarapacá y Antofagasta, después de la guerra del pacífico y el auge salitrero. Llegan inglesas, franceses, alemanes, norteamericanos, chinos, yugoslavos (hoy croatas), españoles, sirio-libaneses-palestinos, peruanos, bolivianos, algunos eran técnicos y profesionales otros sin oficio, pero con ganas de surgir. Hubo colegios ingleses, belgas y alemanes, iglesias anglicanas y luteranas, además de la población chilena de todas las regiones del país. Otro tanto ocurrió en Punta Arenas. Valparaíso y Concepción. Nunca hubo movimientos nacionalistas o antinmigrantes que influenciara conductas negativas. Algunos inmigrantes nunca aprendieron nuestro idioma. Los extranjeros y su primera generación chilena se les trató con desdén, en broma o en serio. Se les llamó gringos en forma peyorativa (porque eran muy blancos de piel), turcos (porque llegaron con pasaporte emitido por el imperio turco), pero sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos recibieron una buena educación y no son pocos los que, en el comercio, la industria, agriculturas profesionales liberales y en la política alcanzaron notoriedad por su contribución. Hoy son respetados. Ya nadie los llama gringos o turcos.

 

Coreanos llegaron como comerciantes y desplazaron a los “turcos” de patronato. Hijos de coreanos hoy ya se han formado en las universidades y en diversas actividades económicas. Pronto nadie los llamará coreanos. Es la misma trayectoria que se espera que experimenten los colombianos, venezolanos y dominicanos. No me refiero a peruanos y bolivianos porque desde hace más de un siglo han estado presentes en el norte. Hoy los extranjeros suman 1,1 millones de los que 300.000 son legalmente irregulares.

 

Párrafo aparte es el de los 112.000 haitianos y que se dice que son discriminado simplemente porque son negros, raza que nunca tuvo presencia significativa en el país, ni siquiera en tiempo coloniales, de modo que estamos frente a una experiencia social nueva en el país. Tal vez por ello la reacción local fue en un comienzo negativa o incomprensible. Hoy viajando por diversas partes del país se encuentran casi en todas la ciudades u pueblos. Algunos chilenos ya han cambiado su parecer y conducta y de una actitud silenciosamente negativa han pasado a la indiferencia y otros ya los aceptan como parte nuestra, los defienden y admiran por su dedicación y responsabilidad en el trabajo. Otros se confiesan que no son racistas pero que tienen una baja formación educacional como si nuestros antepasados no la tuvieron cuando llegaron al país.

 

La actual discusión del proyecto de la ley migratoria pareciera que fuera una defensa. Exigir un nivel educacional, contrato de trabajo, certificado de antecedentes. La ley lo único que tiene que hacer es defenderse de la entrada de personas con antecedentes conductuales negativos, sin importar de donde provengan más la facultad de deportarlos si cometen delitos en Chile. Los demás son bienvenidos. Según los demógrafos y geógrafos, Chile es un país con una baja densidad geográfica. En nuestros 756.000 km2 continental pueden vivir y progresar mucho mas de 17 millones de habitantes.

 

Javier Fuenzalida Asmussen

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