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El oligopolio de medicamentos continúa

 

En unos días más la comisión de salud del congreso deberá votar en general el proyecto que modifica el Código Sanitario a fin de desregular el mercado de medicamentos que duerme en el parlamento desde marzo del 2015 y que pretende eliminar el oligopolio existente permitiendo la venta de medicamentos que no requieren receta en cualquier lugar, supermercados, almacenes, tiendas, en la vega, etc. El colegio médico, el de químicos farmacéuticos, las farmacias, laboratorios, estudiantes de química y farmacia, esto es, los interesados en preservar el oligopólico se oponen. La medida procura generar competencia tanto en el mercado proveedor como en el de mercado de consumidores finales dominado en un 90 % por cuatro cadenas: Ahumada, Salcobrand, Cruz Verde y Dr. Simi. De los 3440 locales existentes 1.687 pertenecen a estas cuatro empresas, 1.549 son independientes, 55 son almacenes farmacéuticos (¿?), 2 móviles y 147 las farmacias populares municipales. Hay cerca de 40 laboratorios que producen genéricos (medicamentos cuyas patentes ya vencieron) o representan a farmacéuticas extranjeras cuyos medicamentos están protegidos por patentes, por lo tanto, sin sustitutos. Tanto participantes parece que fuera competitivo, pero no lo es. El índice HH (Herfindahl-Hirschmanl) sobre concentración de mercados sobrepasa con creces el valor a partir del cual el mercado deja de ser competitivo.

 

En repetidas ocasiones se han denunciado las diferencias de precios. Por ejemplo, en un reportaje en 2016 se informaba que el Eutirox era vendido en $ 630 a los canales institucionales del estado Cenabast, hospitales, consultorios y las nacientes farmacias municipales en cambio a las farmacias se les vendía en $ 6.039 y al público en $ 7.609. Los laboratorios informaban que la diferencia obedecía a que al estado se le vende al por mayor, a granel, sin envases, bula ni envoltorios, explicación dudosa por qué esos costos no pueden ser 8,6 veces más, $ 5.409 antes del margen de utilidad. Estas diferencias subsisten hasta hoy, julio, repitiéndose en otros medicamentos como la Ciclobenzaprina (2,3 veces más cara que en laboratorio), Fluoxetina (3,4 veces), Losartan (1,6 veces), Paracetamol (2,7 veces), Risperidona (1,5 veces), y muchos más. El Ministerio de Salud nada ha hecho en más de 20 años, quien quiera que sea el ministro. Con gran publicidad anuncia que hay una página web (tufarmacia.gob.cl) donde se puede consultar los precios de cerca de 12.000 medicamentos, pero…solo incluye los precios de las tres mayores cadenas. Información grotesca. Estas cadenas se defienden que a ellos les venden a altos precios y que deben cubrir los costos y un bajo margen de utilidad. Si es así quiere decir que son ineficientes y solo se sustentan mediante el oligopolio que el estado ha permitido. El último acto de Bachelet en 2017 fue una resolución del ISP que autorizó la venta del principio activo sofosbuvir para la hepatitis C del laboratorio Gilead, pero para importar otras versiones a un precio 80 % más bajo.

 

En otras oportunidades se ha llamado la atención la diferencia entre el alto precio en Chile que el existente en otros países para el mismo medicamento producido por el mismo laboratorio. No son pocas las ofertas en internet para importar directamente del país más conveniente. Estos intermediarios se encargan de la tramitar la receta y autorización del ISP, compra en el exterior siendo substancial la diferencia de precio respecto del mercado local.

 

Desde el 2008 se ha venido denunciando la colusión entre las cuatro cadenas. El 2013 la FNE concluyó que los laboratorios funcionaban como cartel y presentó el caso al Tribunal de la Libre Competencia en contra de Biosano, Fresenius Kabi y Sanderson. Biosano reconoció la colusión. En otra oportunidad Recalcine (Abott) mostró su poder monopólico comunicando sin pudor a sus proveedores que les pagaría a 90 días plazo. Solo en 2017 el Consejo de Defensa del Estado presentó una querella por estafas. El 2014 se aprobó la ley de Fármacos I, que no ha tenido ningún efecto positivo para el consumidor como es la obligación de rotular los remedios con su denominación común internacional y no el nombre de fantasía no tuvo ningún efecto. Recién ahora 10 años después la comisión de salud de la cámara de diputados votará el proyecto ¡en general! ¿Sequía legislativa o flojera neuronal? Una vergüenza.

 

Los parlamentarios de izquierda no quieren permitir la venta libre en el comercio porque creen que vamos a comprar remedios a tontas y locas (así opina el diputado médico Castro). Por lo tanto, el oligopolio de medicamentos continuará si la votación es contraria. Los usuarios, que no son pocos, seguirán siendo abusados. Según el INE las familias en Chile destinan el 29 % de su gasto en salud a la compra de medicamentos.

 

¿Por qué no se puede importar medicamentos al igual que los cigarrillos, alcohol, mostaza, pimienta, calzoncillos, muebles, etc.? Hemos suscrito 26 tratados de libre comercio con 64 países lo que permite importar sin aranceles o a lo más, 6 % de derechos de aduana? Dos razones, Una. el ISP es una barrera burocrática infranqueable para poder importar comercialmente. ¿Se imagina que para importar cigarrillos o videojuegos hubiera que pedirle una autorización al Sernac? Segundo, las matrices de los laboratorios extranjeros no permiten vender en volúmenes comerciales desde un país a otro en que en ambos están presentes.

 

El ISP sostiene que tiene que protegernos de remedios falsos o que imitan al verdadero. Según su director está reconocido como Agencia de Referencia Nivel 4, al igual que la FDA, Health Canadá, Colombia entre otras y que tal nivel ha sido acreditado por la OMS. Por lo tanto la importación de medicamentos desde países cuyas autoridades sanitarias ofrecen las mismas garantías que el IPS debería ser libre como sucede con otros bienes. Es más, nuestra legislación sobre libre competencia establece que no puede haber exclusividad comercial respecto de bienes importados por lo que cualquiera presión de parte de laboratorios extranjeros para que un tercero importe sus remedios con fines comerciales, el mismo ISP debiera denunciarlos a la FNE. ¿De qué lado está el estado?

 

Si el congreso vota como desea el Dr. Castro (quien entiendo hace años que ya no ejerce) seguiremos conviviendo con este oligopolio que favorece a los laboratorios, farmacias, médicos, químicos farmacéuticos a través de sus respectivos colegios y otros ligados a este mercado.

 

Javier Fuenzalida Asmussen

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