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Azúcar amarga

 

Iansa nunca debió existir. Alrededor de 1880 se realizaron las primeras tentativas para producir azúcar de remolacha en una planta con capacidad de 35.000 toneladas anuales. En 1886 Teodoro Plate y Oscar Mengelbier fundaron la refinería de Penco. Tras 10 años, fracasaron. A comienzos del siglo XX unos alemanes recorrieron Chile desde la zona central hasta Chiloé estudiando las características de la zona para producir remolacha llegando a la conclusión que no había tales condiciones. Chile se bastecía de azúcar de caña importada. En 1953 el estado, influenciado por la ola industrialista de la Cepal, creó Iansa instalando la primera la planta de Los Angeles, seguido de Llanquihue 1958, Linares en 1959, Chillán 1967, Rapaco 1970 y Curicó 1974. Las importaciones disminuyeron debido a los altos aranceles para proteger a Iansa, a excepción del norte del país. Se fijaron bandas de precios cuando la protección aduanera no era suficiente. Tuvimos que consumir azúcar cara por medio siglo. Iansa fue privatizada en 1980 y pasó ser controlada por E.D&F.Man uno de los grandes traders internacionales ingleses que se defendido diversificándose con otras actividades productivas cuando los aranceles prohibitivos de los años 60 bajaron al nivel de hoy entre 0 y 6 %.

 

La planta de Llanquihue fue un fracaso y fue cerrada en 1978. La apertura internacional iniciada en 1974 fue determinante para la transformación de la agricultura chilena, pasando a ser un gran sector exportador con precios remunerativos y rentables. Se cultivó menos remolacha en favor de las viñas, frutas como uva de mesa, manzanas, duraznos frescos, peras, hoy berries y cerezas o semi elaborados como conservas, congelados y deshidratados. A pesar del aumento en la productividad obtenido en el cultivo de la remolacha, inicialmente era de 30 toneladas por hectárea a 100 toneladas actualmente, no ha sido suficiente para competir con la rentabilidad de las exportaciones agrícolas e industria alimenticia. De ahí que Rapaco cerró en 2009, Curicó cerró en 2015 y ahora Linares, siendo posible que ocurra otro tanto con Los Ángeles y Chillán si los adelantos en la genéticas vegetal permitan otros cultivos alternativos en áreas con temperaturas más bajas como ocurre hacia el sur como ya ha venido ocurriendo con otros cultivos.

 

El azúcar siempre ha sido un producto muy volátil en el mercado internacional debido a que son muchos los países que la producen a partir de la remolacha o de la caña. En los años con buenas cosechas, se producen excedentes en los mercados internos que son lanzados al mercado internacional con la consecuente caída en sus precios y lo inverso cuando las cosechas mundiales son bajas, sin excedentes exportables. Esto, independiente de los ciclos de la economía mundial. Con todo, la tendencia de los últimos años ha sido de precios decrecientes, llegando en la actualidad el precio de la azúcar cruda a us $ 11 centavos la libra/lb desde us $ 28.6 en 1982 en valores constantes.

 

Tres sectores han manifestado su preocupación. Los agricultores de Linares, donde algunos ya han abandonado el cultivo de la remolacha y otros se preparan para dedicar la tierra a nuevos cultivos como ocurrió en Curicó. Los más pequeños solicitan que la banca estatal y el Indap les presten asistencia financiera y técnica para este cambio. Los transportistas no resultarán tan afectados porque es una actividad corta de un par de meses, pero que en la medida que la transformación produzca sus frutos volverán a tener una demanda por transporte como lo tenían hasta hoy. Los trabajadores de Iansa serán los más perjudicados, pero al igual que sucedió cuando se cerraron las minas de Carbón en Lota, el gobierno se ha comprometido a ofrecerles compensatoriamente capacitación en otros oficios y créditos para emprender negocios propios.

 

De esta manera, se minimizan los efectos algo que se veía venir y cuyo fin es inevitable. La aventura del azúcar amarga que emprendieron los gobernantes del siglo pasado llega a su fin con un costo social que nadie se preocupó por estudiarlo, excepto el recordado economista de la UC, Ernesto Fontaine quien en los años 60 realizó estudios de evaluación social de proyectos, concluyendo que Iansa tendría una baja o nula rentabilidad social. Fue vilipendiado por el estado y la Cepal sin lograr demostrar que Fontaine era un Chicago equivocado. Los años le dieron la razón. Materia para los historiadores.

 

Por Javier Fuenzalida Asmussen

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