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 La increíble historia de rehabilitación de José Huenuán en el Hospital de Pichilemu

 Por medio de un trabajo social, comunitario y clínico se pudo reinsertar en la sociedad a este dirigente mapuche de la comuna de Quinta de Tilcoco.

Una gran alegría se vivió en el Hospital de Pichilemu con el alta de José Huenuán Epul (55) quien tras casi cinco meses hospitalizado por un accidente cerebrovascular (ACV) se pudo concretar su traslado a la comuna de Freire, fruto de un trabajo multidisciplinario de rehabilitación e inserción social que involucró tanto a funcionarios como a la comunidad usuaria. 

Don José es un caso sociosanitario, eso significa que no contaba con una red familiar/social que pudiese asumir su cuidado, lo cual no permite su egreso hospitalario al momento del alta médica. La trabajadora social, Carolina Vargas, sostiene que “era mi responsabilidad como asistente social gestionar su alta. Se trabaja en varias dimensiones ya sea gestionando su credencial de discapacidad, que se haga su trámite de pensión de invalidez y que cuente con sus ayudas técnicas, para finalmente lograr su rehabilitación integral que le permita volver a la comunidad y ser los más independiente y funcional posible”.

Sobre su estadía, la funcionaria especificó que “llegó los primeros días de julio por gestión cama desde Quinta de Tilcoco, pertenece a una comunidad mapuche muy bien organizada a nivel regional y nacional. Fue un trabajo de varios meses y de carácter intercultural bastante gratificante, donde se respetó su cosmovisión al momento de la rehabilitación y en parte de su alta”.

Sin dudas, el primer desafío que se debía abordar era su condición clínica, así lo entendió el enfermero supervisor (s) de Hospitalización Indiferenciada del Hospital de Pichilemu, Germán Pavez, explicando que “don José llegó con un accidente cerebrovascular, con una hemiparesia del lado derecho del cuerpo. Era totalmente dependiente, pero gracias al trabajo del equipo multidisciplinario, tanto del equipo de terapia ocupacional y el gran trabajo de la kinesióloga Rocío Moraga, don José pudo salir caminando, con ayuda técnica, pero caminando”.

En la misma línea, el profesional destaca “el trabajo y esfuerzo de todos quienes componen hospitalizados, que muchas veces debimos generar instancias de acercamiento con el paciente, porque él estaba muy enojado con su cuadro clínico y se molestaba, a veces no quería los medicamentos, y ahí con mucha paciencia y amor las chiquillas pudieron buscar el camino para poder rehabilitarlo”.

Además de sus problemas de movilidad, manifestaba una severa dificultad para comunicarse, es por ello que se hizo necesario el trabajo con la fonoaudióloga del equipo de rehabilitación, María Estefanía Lagos, quien detalla que “don José fue derivado conmigo porque no se podía comunicar con nadie, la única palabra que podía decir era no. Tenía un diagnóstico de afasia y una apraxia del habla que dificultaba aún más el pronunciamiento de las palabras. De a poco comencé con su rehabilitación y desde un comienzo tuvo una muy buena disposición, porque lo que él más quería era hablar y comunicarse”.

“Su evolución durante su estadía en el hospital fue muy grande, al principio no decía nada, después ya podía decir su nombre, comenzó a responder si estaba bien o mal y logró comunicar sus necesidades básicas con el resto de las personas, manteniendo una conversación. El cambio más significativo fue el ver a un José triste por lo que le provocó el ACV a un José feliz, que ya se podía comunicar y que lograba decir lo que quería”, complementó María Estefanía.

Trabajo cooperativo para su traslado

La encargada de Gestión Social hospitalaria, Carolina Vargas, indica la creación de un plan social, el cual “fue realizado con dos líneas de acción principales, siendo la primera el fortalecimiento del vínculo con la comunidad, con quienes se hizo el trabajo del acompañamiento y el cuidado para que se pudiera concretar el rescate y el alta médica de don José y, por otro lado, una serie de gestiones sociales una vez obtenida el alta y que tienen que ver con la obtención de su credencial de discapacidad y su pensión por invalidez”.

La trabajadora social subraya el rol protagónico que cumplió la comunidad mapuche de Pichilemu, mencionando que se organizaron “reuniendo fondos para suplir algunas necesidades básicas, como un teléfono para mantenerse comunicado, insumos y útiles de aseo mientras duraba su estadía en hospitalizados”.

Irene Arias Nahuelpan es tesorera de la asociación aymara-mapuche Pacha We Liwen de Pichilemu que estuvo apoyando a don José durante su estadía en el centro asistencial, y quien expresa cómo vivió ella este proceso y cómo evalúa el trabajo del hospital, revelando que “valoramos el reconocimiento a su rol como líder y dirigente mapuche, motivándolo a recuperarse por su sabiduría y su conocimiento de la cultura, utilizando estrategias que fueran pertinentes y lograran conectarlo con sus raíces, como, por ejemplo, la búsqueda de textos y canciones en mapudungun para estimular el lenguaje. Agradecer en general a todas y todos los que desde un comienzo hicieron que este proceso fuese enriquecedor desde todos los puntos de vista, nos unió como comunidad, pudimos ser escuchadas y escuchados al momento de sugerir estrategias para el avance de nuestro lamngen (hermano) desde una mirada cercana y comprensiva”.

Una vez obtenida el alta médica estaba el desafío de encontrar un lugar adecuado para el traslado de don José, a lo cual Carolina sostiene que fue posible gracias a que “vino Jorge Lavado, su hermano de crianza desde Freire a verlo y fue quien ofreció su casa para recibirlo, la cual también fue la casa de don José, quien creció ahí. Entonces estuvimos planeando para que el habilitara un lugar y gestionando la movilización para ir a dejarlo a ese lugar”.

Luego de contar con el espacio indicado, había que preocuparse de todos los detalles del traslado, labor que pudo ser posible gracias al aporte y esfuerzo movilización, así lo enfatiza el enfermero Germán Pavez, manifestando que “pretendíamos hacer un par de postas, lo que la dirección autorizó, para ir a dejarlo directamente con nuestros recursos, con nuestra ambulancia, con nuestros choferes Jaime Leiva y Miguel González acompañados de la TENS de Hospitalizados Natalia Cornejo”.

Antes de partir, el supervisor (s) de Hospitalización aseveró que “don José estaba súper contento, estuvimos compartiendo aquí con la comunidad, previo a que saliera el traslado, lo acompañaron directamente hasta la ambulancia, lo vieron cuando subió y se despidió de todos, gracias al gran trabajo realizado por la fonoaudióloga que permitió que don José se pudiese comunicar con el resto”.

El aspecto del lenguaje fue abordado hasta el último momento de la partida, es por ello que la fonoaudióloga María Estefanía Lagos aclara que “lo enviamos con un llavero de comunicación alternativa para facilitar su conversación con los choferes y TENS. Este llavero tenía las necesidades básicas, cuando tenía sed, hambre, si estaba aburrido, triste, abrumado o si se quería bajar del auto”.

Carolina Vargas quiso remarcar un detalle que evidencia la preocupación que existió por el bienestar de don José mientras estuvo hospitalizado, aludiendo a que “él se retiró de hospitalizados con su cintillo mapuche, lo que fue muy significativo también porque apunta a que siempre estuvo la intención de realizar un trabajo muy respetuoso con sus creencias, su cosmovisión mapuche, entendiendo la conexión que él trató de mantener con la naturaleza, se daban espacios para que pudiera salir al patio y tuviera un poquito más de conexión con otros espacios dentro del recinto hospitalario, pero siempre conectado con el exterior”, concluyó.

Finalmente, la dirigente Irene Arias Nahuelpan valora el trabajo y compromiso de todos quienes fueron parte de este proceso expresando que “como comunidad solo nos queda agradecer toda la gestión realizada, su traslado a su territorio y a todas y todos los que fueron parte de este proceso, guardias, personas encargadas de la limpieza, de la cocina, tens, enfermeras/os, asistente social, terapeuta ocupacional, fonoaudióloga, kinesióloga, y a todos quienes dieron más de lo que les correspondía en su rol laboral, se les reconoce, valora y agradece. Esperamos sigan con esa vocación de servicio que puede cambiar la vida de una persona y su motivación a seguir luchando por la esperada recuperación. Chaltumay kom pu che! (Gracias a toda la gente)”.

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