Más que nombres, el debate pendiente es sobre estructura, eficiencia y resultados
Cada vez que se nombra a un nuevo ministro del Deporte, el debate público suele centrarse en la persona: su trayectoria, su vínculo con el deporte o su cercanía política. Sin embargo, pocas veces se aborda la pregunta de fondo: ¿realmente importa quién ocupa ese cargo o lo determinante es cómo está organizada la política deportiva del país?
En Chile existe un Ministerio del Deporte con una institucionalidad propia. Aun así, la realidad muestra tensiones evidentes. Deportistas de alto rendimiento recurren con frecuencia a la autogestión para financiar procesos competitivos, mientras que la promoción de la actividad física en la población general sigue siendo insuficiente. Esto no necesariamente responde a una mala intención individual, sino a una estructura que limita la autonomía del cargo y fragmenta la toma de decisiones.
El ministro del Deporte no actúa en el vacío. Su margen de acción está condicionado por presupuestos definidos a nivel central, por subsecretarías, servicios asociados y prioridades políticas que muchas veces exceden al propio ministerio. En ese contexto, discutir solo nombres termina siendo una simplificación de un problema mucho más profundo.
Mirar experiencias internacionales ayuda a ampliar la reflexión. Países como Finlandia, o Canadá no cuentan con un ministerio del Deporte separado. En esos casos, el deporte está integrado en carteras más amplias, como educación, cultura o patrimonio. Esto permite una coordinación más directa con políticas de salud, formación y bienestar, evitando duplicación de funciones y favoreciendo una distribución más eficiente de los recursos públicos.
Noruega ofrece otro ejemplo relevante: el deporte forma parte del Ministerio de Cultura e Igualdad y se articula con una visión de vida activa desde la infancia hasta la adultez. El resultado no es solo éxito deportivo, sino una población más activa y una política pública que entiende el movimiento como parte de la vida cotidiana, no únicamente como competencia de élite.
Desde una perspectiva fiscal, la pregunta también es legítima. ¿Es más eficiente mantener estructuras separadas o integrar el deporte en políticas públicas más amplias? Cuando los recursos del Estado son limitados, la eficiencia en su uso no es un detalle técnico, sino una responsabilidad.
Esta no es una discusión ideológica ni personal. Es una reflexión sobre cómo se diseñan las políticas públicas y qué resultados generan en la práctica. Tal vez el verdadero debate no sea quién es el ministro del Deporte, sino si la estructura actual permite que el deporte y la actividad física tengan un impacto real y sostenido en la vida de las personas.
Eugenio Fierro es Preparador Físico “Egresado destacado del año 2021” (Santo Tomás, Rancagua, Chile) Conferencista del equipo High Fitness. Además, es Autor publicado en revista científica “Journal of movement & Health” https://doi.org/10.5027/jmh-Vol21-Issue2(2024)art198. Principalmente destaca en sus áreas de estudio el “entrenamiento en niños y adolescentes” y la Promoción y adherencia a la práctica de actividad física. Hace divulgación científica en redes sociales y en sus Podcast’s disponibles en Spotify Fitness Juvenil y Entrenamiento de Fitness Funcional. Autor del libro: High Fitness Kids






















































