Es un nuevo libro de historia económica que cubre el período de 1860 a 1898 cuando en Chile no había Banco Central y los bancos comerciales emitían su propio dinero sin otra limitación que el respaldo en reservas en oro, plata y otros documentos además de la responsabilidad fiduciaria de sus ejecutivos y dueños.
El trabajo de Rolf Lüders y Pedro Jeftanovic (qepd) señala con evidencias empíricas que mientras no existió dinero fiscal o de un Banco Central no hubo inflación. Cada banco se cuidaba de mantener la confianza en el dinero que emitía – su poder adquisitivo- dejando que el mercado lo ajustaba a la demanda por dinero del país. Los bancos tenían la obligación de canjearlo por oro o plata, contra su presentación. Cada banquero medía la aceptabilidad de su dinero según el flujo de billetes que ponían en circulación y su retorno para ser redimido en metálico. En 1878 el estado, por primera vez, efectúa una emisión de dinero fiduciario, iniciándose la inflación en Chile que duró por más de un siglo porque el estado no respetó la obligación de redimirlo (reconversión al padrón oro) una y otra vez en sucesiva nuevas emisiones.
Así en 1898 prohibió la emisión de dinero bancario y en 1925 se creó el Banco Central, pero el estado continuó con la mala práctica de financiarse con la emisión en exceso al que la economía podía absorber sin producir inflación. En 1942 se dictó la ley 7.200 mediante la cual la deuda pública de corto plazo con el Banco Central se reconvertía en una de largo plazo, lo que permitía al estado reiniciar el endeudamiento de corto plazo dicho banco.
El Banco Central autónomo se estableció en la constitución de 1980 lo que ha hecho posible desarrollar exitosamente una política monetaria de estabilidad de precios como único objetivo. En los últimos 20 años dicha estabilidad consiste en mantener una leve inflación anual entre 2 y 4 % salvo algunas excepciones.
No obstante ser un trabajo de historia económica, el capítulo de Ignacio Muñoz brinda una notable sorpresa al plantear la posibilidad que en el futuro se vuelva a la banca de emisión, sin Banco Central, como lo propuso von Hayek en 1976 y un futurista trabajo publicado en los años 60 “the Chekless Society” que causó poco impacto por ser impensable una economía monetaria sin el monopolio técnico del Banco Central. La razón, la tecnología desde los años 60 en adelante y en particular en los últimos 15 años ha ido reduciendo la demanda por billetes y monedas. Suecia acaba de eliminarla. Todos los pagos se harán de aquí en adelante en forma digital. Dinamarca es el próximo y no es una decisión aventurada. El uso de dinero efectivo ha venido reduciéndose paulatinamente a medida que los medios electrónicos se han sofisticado. En Suecia el uso de billetes ha disminuido al 2 % y en Estados Unidos al 7 %. En 1990 en Chile los billetes y monedas constituían el 30 % del circulante que actualmente se ha reducido al 22 % tendencia que debe disminuir con la circulación casi universal de los sistemas de pago y transferencias electrónicas. El uso del cheque es cada vez más raro.
Si a lo anterior se agrega una mayor sincronización entre ingresos y egresos en la economía debido a las transacciones electrónicas, el uso del dinero tendería a disminuir. El Banco Central dejaría de ser necesario permitiendo volver a los bancos privados de emisión. ¿Será la tecnología capaz de terminar con el dinero, nadie lo sabe aún? Los Bitcoins es una iniciativa que va creciendo.
Concluye Muñoz desafiando a la intelectualidad para que describan cómo será posible que tal sociedad del siglo XXI funciones sin el dinero convencional.
Javier Fuenzalida Asmussen






















































