La elección presidencial en Estados Unidos de 1948 entre el Harry Truman y Thomas Dewey fue igual a la del entre Hillary Clinton y Donald Trump. En la primera casi todos los medios y encuestas pronosticaron un amplio triunfo de Dewey Truman era un político gris, que llegó a la vicepresidente a raíz de la muerte de F. Roosevelt en 1945. Dewey, gobernador de Nueva York, ya había competido contra Roosevelt. Sin embargo inesperadamente Truman lo derrotó. El día de la elección muchos diarios y revistas ya tenían en prensa sus ediciones para el día siguiente con fotos y crónicas sobre el triunfo de Dewey. El Chicago Tribune alcanzó distribuir su edición con el titular “Dewey defeats Truman”. Chasco monumental.
Lo del Martes es igual, prácticamente todos los medios de Estados Unidos fueron pro Clinton sin ahorrar insultos y copuchas siniestras en contra de Trump. Las encuestas daban como ganadora a Hillary. Desde los primeros cómputos con 1 a 5 % de los votos escrutados Trump fue ganador, adjudicándose además importantes estados indecisos como Florida, Texas, Ohio, Arizona, Georgia que aportaban de 10 a 38 votos electorales, a pesar que no había dudas que Clinton se llevaría los 55 electores de California, los 20 de Illinois y 29 de Nueva York. Un caso semejante fue el de la elección Kennedy/Nixon en 1960. El primero obtuvo 303 votos electorales y el segundo 219 pero en la votación popular, directa, Kennedy ganó por apenas una décima porcentual, 112.000 votos más que Nixon.
Los medios malinterpretaron los resultados de las encuestas al igual que en Chile en 1970. Hubo encuestas en Julio que daban 37,5 % a Alessandri y 35.1 para Allende, pero al considerar el intervalo de estimación de 2 puntos había un empate que pasó desapercibido. En agosto del mismo año el resultado se invirtió. 30,9 % para Alessandri y 33.1 para Allende y nuevamente el intervalo de más/menos dos puntos indicaba un empate. El resultado de la elección fue 35,29 % para Alessandri y 36,63 % para Allende con una diferencia de 39.000 votos en un total de 2.962.748 votantes.
El segundo error en USA fue sujetarse a los totales nacionales en lugar de examinar los pronósticos a nivel estadual dado el sistema es indirecto. El que gana en un estado se lleva todos los electores, salvo en dos estados pequeños. Así Clinton ganó por 233.404 (0,2 %) a Trump, pero éste obtuvo 306 electores (solo necesitaba 260) y Clinton 232.
¿Hubo rebelión de las masas o errores de los medios? La fobia de los medios en contra de Trump no permitió ver los errores metodológicos de las encuestas y menos aun interpretarlas a la luz de las características socio demográficas. En las últimas realizadas a días de la elección había ocho estados como Florida (29 electores) en que no se discutía el triunfo de Clinton 46 % contra 44 % siendo que la lectura correcta es 44 a 48 % Clinton y 42 a 46 % Trump. Había empate en Alaska, Arizona, Georgia, Mississipi, Missouri, North Carolina, Ohio, Texas y Utah, todos ganados por Trump a excepción de Nevada.
Florida es un caso, se pensó que la incidencia de la población latina significaría una paliza a Trump, pero fue a la inversa porque demográficamente Florida cuenta con una importante población mayor de 55 años. Es el estado favorito para los pensionados. Ignoraron la disconformidad de la población de los estados del midwest afectado por el estancamiento y desempleo. Ditroit, otrora rica y pujante hoy es un desierto viviente. Trump, bueno o malo, es preferible a Clinton. mediocre, impopular y corrupta para muchos. Fue tanto la campaña para desprestigiar a Trump que no tuvo necesidad de invertir ni cercano a lo que gastó Clinton. Estuvo gratuitamente presente en los medios 24 horas por día. Los tres debates, de una mediocridad increíble por ambas partes, se debieron a la conducta de sus conductores que prefirieron incitar a una catch-as-catch-can entre los candidatos en lugar de una discusión productiva sobre las opciones para el futuro del país. Una vergüenza.
Las campañas negativas nunca aseguran el éxito y la población blanca de ingresos medios y bajos le pasó la cuenta a los políticos y los medios de comunicaciones.
Javier Fuenzalida Asmussen






















































