El decano de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello, Christian Campos, explica los principales efectos musculares y articulares de esta exigente prueba y entrega recomendaciones clave para una preparación segura.
Cada vez más personas se suman al desafío de correr una maratón, una carrera de alta exigencia física que implica recorrer 42,195 kilómetros y una de las incógnitas es saber que le ocurre al cuerpo con esta exigencia, que cambios experimenta durante y después de la competencia, especialmente a nivel muscular y articular.
El decano de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello Christian Campus, indica que “durante la maratón, el organismo enfrenta un progresivo agotamiento de sus reservas energéticas. El glucógeno muscular y hepático, principales fuentes de energía, disminuyen considerablemente, obligando al cuerpo a recurrir a la oxidación de grasas, especialmente a partir del kilómetro 20 al 35”, explica el docente ya que “las reservas de glucógeno no alcanzan para completar la distancia, por lo que el cuerpo debe adaptarse para seguir funcionando”.
El estrés no es solo mental
Cabe indicar que a este proceso se suma el estrés muscular y articular producto del impacto repetitivo. Se generan microdesgarros en músculos como cuádriceps, isquiotibiales y pantorrillas, además de inflamación que provoca rigidez y dolor. Paralelamente, se produce una importante pérdida de líquidos y peso corporal, entre 2 y 5 kilos, junto con un aumento de la frecuencia cardíaca para sostener el rendimiento físico.
“Tras la carrera, el cuerpo entra en una fase de recuperación marcada por el dolor muscular de aparición tardía, que alcanza su punto máximo entre 24 y 48 horas después. También se evidencia daño muscular a nivel enzimático, con aumento de marcadores como la creatina quinasa, además de inflamación en articulaciones como rodillas, tobillos y caderas. El sistema inmune se debilita temporalmente, lo que aumenta el riesgo de infecciones, y es común experimentar fatiga física y emocional”, agrega el especialista.
Preparación
Frente a estos efectos, el decano enfatiza la importancia de una adecuada preparación. Recomienda entre cuatro y seis meses de entrenamiento previo, incluyendo sesiones de resistencia aeróbica con recorridos de entre 24 y 30 kilómetros, además de preparación física específica para corredores durante las primeras etapas. Asimismo, destaca la necesidad de evaluaciones médicas y asesoría nutricional especializada.
“En los días previos a la competencia, el entrenamiento debe disminuir su carga en un 60%, permitiendo al cuerpo llegar en óptimas condiciones. También es fundamental utilizar zapatillas en buen estado, idealmente renovadas cada 500 a 700 kilómetros, ropa adecuada que facilite la ventilación y mantener una alimentación planificada, evitando improvisaciones”, indica.
Lesiones frecuentes
Campos advierte sobre las lesiones más frecuentes asociadas a este tipo de competencias, tienes a ser “tendinitis, fracturas por estrés y síndrome de la banda iliotibial, especialmente en quienes no cuentan con una preparación adecuada”, comenta. Pese a ello, destaca que “el running aporta múltiples beneficios, como mejoras en la salud cardiovascular, regulación hormonal, bienestar mental y control del peso corporal, lo que explica su creciente popularidad en Chile”, concluye.






















































