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Sequía: se acabó el plazo

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Hace años que la industria sanitaria viene alertando que la escasez hídrica es un problema que llegó para quedarse en una vasta zona del país, desplazándose rápidamente al sur producto de los cambios que está enfrentando el planeta en materia climática.

 

Pero tal como ocurre en el cuento Pedrito y el lobo, el país no ha tomado conciencia o parece no querer creer que miles de camiones aljibes abastecen de agua para consumo humano a la población rural desde el norte chico hasta Chiloé, o que miles pequeños campesinos están viendo cómo sus cultivos o animales sufren por la falta de agua.

 

La sequía persistente desde hace a lo menos cinco años está causando estragos y lamentablemente estamos atrasados, el plazo para actuar se nos acaba.

 

En materia hídrica hace falta una mirada de largo plazo que pueda convocar a todos los sectores usuarios del agua para buscar soluciones integrales,  oportunas y efectivas; que vaya en paralelo a los cambios institucionales en debate en el Congreso, incluyendo una mayor transparencia a un mercado que transa derechos de aprovechamiento sin la suficiente información requerida.

 

Hasta ahora, la disposición predominante en relación a la falta de agua es la de asignarle un carácter transitorio, a la espera de la próxima lluvia, pese a que toda la evidencia indica que se necesitan varios años de pluviometría “normal” para que los embalses se vuelvan a llenar, las napas a recargar y los ecosistemas se fortalezcan.

 

Debemos instalar el cambio climático y no la sequía en la agenda pública, pues al referirnos a esta última se tiende a ver el problema como algo temporal, transitorio, que va a tener un fin. Entender que la falta de agua es un problema estructural y urgente del país es condición necesaria para apurar las definiciones pendientes en materia de gestión integral de las cuencas y establecer las prioridades en el uso de cada una de ellas, comenzando por el abastecimiento humano, la agricultura de subsistencia y los ecosistemas.

 

En materia productiva, incluso puede ser necesario un proceso de reconversión de algunas zonas, además de inyectar financiamiento a la innovación, el riego tecnificado y la desalación de agua de mar.

 

La industria sanitaria, responsable de abastecer a las zonas urbanas, viene tomando cartas en el asunto desde que comenzó a agudizarse la escasez de agua en las diversas fuentes de captación. Un claro ejemplo de ello es el hecho de que los planes especiales de obras y gestión antisequía de las empresas han pasado a formar parte del desarrollo e inversiones normales. Este cambio implica adaptarse a este escenario de escasez de manera permanente y así asegurar el abastecimiento y desarrollo de las ciudades.

 

¿Es entendible que nuestra generación no esté a la altura de los desafíos del país en materia hídrica? ¿Heredaremos una tierra seca a las futuras generaciones de chilenas y chilenos o nos pondremos hoy a trabajar para recuperar el tiempo perdido?

 

Hace 22 años, en 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua. En Chile este hito anual debiera tener la relevancia que se merece y movilizar a la acción, comenzando con la necesaria toma de conciencia ambiental y el cambio de hábitos y prácticas para usar el agua de manera responsable.

 

 

GUILLERMO PICKERING DE LA FUENTE

Presidente ejecutivo

Asociación Nacional de Empresas de Servicios Sanitarios, Andess.

 

 

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