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Urgencia de una actualización de ordenamiento territorial y creación de un ministerio de riesgos y desastres naturales

(columna)

Toda persona que ha nacido y vive en Chile tiene una cosa muy clara, que nuestro país presenta una diversidad considerable de fenómenos naturales, como son aquellos de carácter climático, (la llegada de ENOS o comúnmente llamado El Niño), como también aquellos que tienen relación con el aspecto volcánico, pues tenemos un cordón montañoso que tiene volcanes a largo de todo el territorio, y muchos de los cuales se encuentran activos.
De igual manera, vivir en Chile significa estar siempre con presencia de movimientos sísmicos, al ser uno de los países con mayor actividad de este tipo a nivel mundial. Esta situación la tenemos muy clara con lo sucedido en el año 2010, y con todas las consecuencias que nos dejó ese terremoto.
Debido a esta diversidad, las entidades públicas deberían saber que cualquier efecto natural no va a tener las mismas repercusiones a lo largo de la Nación y debido a ello se tienen que tener diversas estrategias para hacer frente a estos fenómenos.

Lamentablemente lo ocurrido hace unas semanas atrás en el norte de Chile nos dice que el país en términos de ordenamiento territorial, estudios de riesgos naturales y detectar las zonas vulnerables que pueden ser afectadas por este tipo de fenómenos no está totalmente desarrollada.
Ocurrió un fenómeno meteorológico donde hubo intensas precipitaciones en las zonas altas del norte, que en consecuencia activaron una cantidad enorme de aludes y aluviones,  los ríos que han estado con un caudal muy bajo, de un momento a otro, crecieron de tal manera, que ocuparon “antiguos lechos” y terrazas fluviales, etc. Como consecuencia, muchas ciudades y pueblos fueron sepultados bajo el barro, personas fallecidas, gente todavía desaparecida, casas totalmente inutilizables, puentes  y caminos cortados, alcantarillados afectados y un sinfín de cosas más. Pero, ¿Cómo puede pasar esto?, ¿Cómo pueden existir pueblos y ciudades que son altamente vulnerables a estos eventos? ¿Quién autoriza la construcción de casas en antiguas terrazas fluviales de ríos? ¿Cómo el MINVU, el Serviu y sobre todo los municipios permiten que sus ciudadanos habiten zonas que son altamente vulnerables?
Estudios científicos sobre las consecuencias de estos fenómenos en el norte de Chile existen, sobre todo en universidades (muchos desde el área de la Geografía) y aun así hacen la vista gorda y la temática del ordenamiento territorial y planificación urbana queda a manos de gente que no maneja en su totalidad estas temáticas (sobre todo en las municipalidades).

 

Es por esto que en Chile es de extrema urgencia la necesidad de una actualización en la forma de ordenar el territorio, a su vez aumentar la generación de estudios de riesgos naturales que se integren a la planificación urbana que permita decidir hacia dónde una ciudad debe crecer, y de una vez por todas crear un ministerio de riesgos y desastres naturales, que se dedique 100% a estas temáticas y entreguen la información sobre los riesgos de vivir en lugares vulnerables y prohibir que existan urbanizaciones en zonas de alto riesgo.
La ONEMI ha sido sobrepasada en muchas situaciones y su respuesta no ha sido la más efectiva. Si se realiza lo anterior, evitaremos las terribles consecuencias que todavía vemos en el norte, evitaremos muchas muertes en terremotos y así sucesivamente. Un ciudadano informado en estas temáticas, es un ciudadano empoderado, que permitirá una mayor resiliencia frente a la recuperación post desastre. Es en este punto donde la educación tomará un rol muy importante.

 

Hugo Amaya, Geógrafo Universidad de Chile

Docente Área Prevención de Riesgos

Santo Tomás Rancagua

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