Desde la revolución pingüina del 2006 los proyectos para mejorar la calidad de la educación siguen dando tumbos, sin brújula, porque no han atacado las raíces del problema que derivan en una mala educación, sino que se han quedado en evidencias que retratan los efectos.
La ofuscación ideológica ha llevado a que se sindique como causantes la distribución del ingreso de las familias, el famosos efecto cuna o los patines de Eyzaguirre, la selección, el lucro y otros como discriminaciones caracterizadas por una mala educación que reciben los hijos provenientes de familias pobres en un extremos comparada con una buena educación que reciben los hijos de ricos (todos los que están en el quinto quintil de la distribución del ingreso y que ganan más de $ 2 millones mensuales) en el otro extremo y una educación mediocre que reciben los hijos de familia de clase media.
Los resultados de las pruebas SIMCE que se vienen repitiendo desde hace años, indican que los puntajes más bajos en lectura, matemáticas y ciencias se observan entre los hijos de las familiares de menores ingresos. Esos puntajes mejoran a medida que el ingreso familiar se eleva. Iguales resultados también se los clasifica según el tipo de institución. Los puntajes más bajos corresponden a la educación pública, estatal, mejoran en las escuelas particulares subvencionadas y mejor aún en las particulares pagadas. De ahí que se optó por legislar para igualar por abajo. Esto es, dejando a la educación particular pagada tal cual es, pero prohibiendo las utilidades del capital y la selección en las escuelas que reciben subvención del estado y que en los sucesivo deberán ser corporaciones sin fines de lucro y dueños de su infraestructura. Los actuales propietarios deberán donárselas o venderlas y esas corporaciones endeudarse en créditos hipotecarios. Esto es, habrá un traspaso de las rentas de capital. En lugar de percibirlas los antiguos dueños, ahora las ganarán los bancos. Si alternativamente estos bienes pasan al estado, la renta continuará existiendo como todo activo productivo, solo que el estado la diluye entre todos sus gastos. En cuanto a la selección, debido a que persistirá el exceso de demanda por la educación subvencionada, ésta se resolverá cual garito, al estilo Enjoy, por medio de una ruleta que convierte a la educación en un juego de azar.
Aun así, la educación no mejorará. Chile participa en las pruebas internacionales Pisa y Timss. Los resultados para nuestros estudiantes son tristemente precarios comparados con nuestros socios de la OECD y mucho peor en relación con los que obtienen los jóvenes de Singapur, Corea o Japón. El estado trata de ocultar esta realidad publicitando orgullosamente que somos de los mejores de Latinoamérica.
¿Mejoraremos sin patines, con ruletas casineras, prohibiendo la remuneración del capital, pero con muchas superintendencias, servicios y burocracia del ministerio de educación, con planes educacionales y textos mediocres? Evidentemente que no.
¿Dónde está el problema entonces?
Aunque a muchos no le guste o le produzca asco el razonamiento económico, los servicios educacionales requieren de recursos productivos. Capital invertido en terreno, infraestructura, instalaciones, equipamiento educacional, TIC y capital financiero para sustentar la caja. Se requiere educadores, trabajo especializados de profesores que han estudiado pedagogía para parvularios, de educación básica, media humanísticas y media técnica. También se requiere tecnología pedagógica, sea que se estudie en los pedagógicos o en instituciones complementarias, como psicólogos, bibliotecarios, técnicos en informáticas, pediatras, nutricionistas y otros, todos con los implementos necesarios. Este conjunto de recursos coordinados por gestores profesionales, director de la escuela, directores de áreas y administradores producen educación. Esta acción productiva es la que los economistas denominamos función de producción, tal cual existe para cualquiera actividad económica, social, cultural o religiosa que utiliza recursos para obtener los resultados deseados. El producto en este caso específicos es dotar a los estudiantes conocimientos, competencias laborales y formación cívica con sus valores éticos, para que puedan desempeñarse con éxito en su vida laboral y ciudadana. Es su valor agregado el que puede incrementarse más aún cuando retardan su ingreso al trabajo asistiendo a la educación terciaria.
Puesto de esta manera, la pregunta es si desde la primaria infancia recibimos a los niños con una primera instrucción pre básica y de ahí en adelante si contamos con buenos recursos que, combinados mediante una buena función de producción, logramos una educación de calidad. El problema no es el capital invertido en infraestructura o en activos físicos como señalé más arriba. Por lo tanto la calidad tan esperada dependerá del grado de preparación pre básica y de los profesores pedagogos para la educación básica y media.
En cuanto a los menores de 2 a 6 años, no han sido objeto de la atención requerida. Son 1,3 millones de niños, pero no más de 500.000 asisten a salas cunas y jardines infantiles (150.000 estatales y 350.000 privados) reciben una formación pre básica que les permitirá avanzar exitosamente en la educación básica y media. Los 800.000 niños que no asisten serán ciudadanos de segunda categoría para siempre. Irán detrás de los 500.000. En esta etapa tan crucial el estado ha fracasado estruendosamente. Bachelet ufanamente se enorgullece porque amplió en 80.000 el cupo la capacidad del estado en jardines. Quedan 720.000 en la inopia. Algo mucho más importante que trasmitir basura por TVN, refinar gasolina o producir cobre y tener un banco o un lastimero discurso vacío.
El segundo problema es la calidad de los pedagógicos y sus egresados. Como será de precaria esta condición que la prueba Inicia creada para medir la capacidad profesional de los egresados solo se tomó hasta el 2014 dado los deficientes resultados en cuanto a los conocimientos entregados a los futuros profesores. Algo anda mal en los pedagógicos y al parecer, no conmueve a las universidades, estatales y privadas, Cruch y no Cruch.
El segundo problema es la calidad de los pedagógicos y sus egresados. Como será de precaria esta condición que la prueba Inicia creada para medir la capacidad profesional de los egresados solo se tomó hasta el 2014 dado los deficientes resultados en cuanto a los conocimientos entregados a los futuros profesores. Algo anda mal en los pedagógicos y al parecer, no conmueve a las universidades, estatales y privadas, Cruch y no Cruch.
Javier Fuenzalida Asmussen
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