Lugares como Buenos Aires ya cuentan con una ley que otorga beneficios tributarios a quien implemente techos verdes en las construcciones, mientras que otras ciudades como Toronto han ido más lejos y obligan a las inmobiliarias a tener un porcentaje del techo de los edificios con vegetación.
En Chile no contamos con un estatuto especial que potencie los techos verdes. Nuestra regulación indica que en azoteas sin techo solo se pueden construir en un 20% de la superficie, mientras que si el espacio está techado, debe contarse como un piso habitable más, aunque no haya departamentos.
La escasez de espacios verdes para la recreación de las familias es uno de los grandes problemas del modelo de desarrollo chileno. Esta situación afecta directamente al bienestar de las personas y queda en evidencia cuando revisamos el significativo aumento demográfico que ha vivido el país en las últimas décadas.
Sin ir más lejos, según los datos preliminares del Censo 2017, actualmente en Chile viven 17 millones 300 mil personas, y cerca del 40% se concentra en Santiago, evidenciando ciertos grados de colapso de una ciudad que por primera vez superó los 7 millones de habitantes.
Pero, ¿sabía usted que es posible tener una plaza en su azotea con un pequeño cambio regulatorio?
El abogado especialista en temas urbanos e inmobiliarios, Héctor Navarrete, plantea la necesidad de modernizar nuestra ciudad con soluciones sustentables y amigables con el entorno, tal como es ajustar la normativa para que los nuevos edificios que se construyan cuenten con “techos verdes”.
“Para avanzar en este sentido se requiere, primero que todo, ajustar la regulación de los techos para desarrollar áreas verdes, quinchos, miradores y terrazas en ellos, tal como lo han hecho algunas de las principales ciudades del mundo y donde Chile se ha quedado atrás”, explica el jurista.
Sin ir más lejos, ciudades como Buenos Aires (Argentina) ya cuentan con una ley que otorga beneficios tributarios a quien implemente techos verdes en las construcciones, mientras que otras ciudades como Toronto (Canadá) han ido más lejos, y obligan a las inmobiliarias a tener un porcentaje del techo de los edificios con vegetación.
“En Chile urge tener un estatuto especial, que no solo permita las terrazas, si no que fomente los techos verdes por la vía, por ejemplo, de aumentar el índice de constructibilidad. De lo contrario, el colapso urbano continuará, especialmente en las capitales regionales”, explica Navarrete.
Los defectos de nuestra regulación actual
El Ministerio de Vivienda y Urbanismo, en julio de 2016, dictó la norma DDU 316, que señala que las azoteas poseen las mismas restricciones que impone la ley General de Urbanismo y Construcciones, y por lo tanto, se pueden desarrollar proyectos “con valor” en solo un 20% de la superficie de los techos, que en la práctica ya está ocupado por equipos de aire acondicionado, antenas, etcétera.
Asimismo, la norma indica que los quinchos, salas de reuniones y otras áreas que permitan recibir a grupos de personas, como pueden ser las terrazas techadas, deben considerarse como un piso más del edificio, lo que implica que para la existencia de un proyecto atractivo de desarrollo de techos, la inmobiliaria debe dejar de construir un piso habitable, lo cual no ocurre por no existir incentivos económicos para hacerlo.
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