En medio de diversos bailes de cueca, música, remolinos, organillos y organilleros, se realizó el lanzamiento de libros de la folclorista junto a un homenaje en su Centenario.
Entre una gran cantidad de aplausos se realizó la presentación de canto y baile con motivo del lanzamiento de la colección de libros “Margot Loyola. Danzas y Cantos de Chile” y del disco de las hermanas Loyola, ya que Osvaldo Cádiz, viudo de Margot, presentó cuatro libros que considera “realmente hermosos”: La Cueca: Danza de la Vida y de la Muerte; La Tonada: Testimonios para el Futuro; El Cachimbo: Danza Tarapaqueña de Pueblos y Quebradas, y Bailes de Tierra en Chile.
En la Sala de las Artes se logró el objetivo: sentir a la folclorista presente. Ya que mediante imágenes de archivo, se mostraron al público entrevistas y enunciados de la cantante, además, para cada libro presentado, prosiguió un baile con distintas vestimentas más la historia –contada por Osvaldo Cádiz.
El público emocionado de ver imágenes a Margot, escucharon atentos cada palabra de ella, por ejemplo, cuando contó que “El Clavelito siempre ha sido su tonada favorita, ya que este género es la expresión más entrañablemente chilena”, agregando que le costó más de cinco años de estudio, con cientos de cantoras de distintos lugares de Colchagua, que la incentivaron por seguir este camino. Sin embargo, el Cachimbo quien alegró al público, con el baile “que se caracteriza por un variado repertorio instrumental, que vivió su época de esplendor entre 1850 y 1920. Proveniente del interior de Iquique, que ha sido el protagonista en carnavales, fiestas de los santos patrones, bandas pueblerinas, reuniones familiares con acompañamiento de piano (en la presentación reemplazado por acordeón), quenas y zampoñas”- contó Osvaldo Cádiz.
Luego, se presentaron los organilleros con una llamativa escenografía: organillos típicos, juguetes colgando y un loro que cantaba llamado Pin Pon, imprescindibles en esta presentación, ya que Osvaldo Cádiz contó que a mediados de la década de 1990, comenzaron una importante lucha por reivindicar el oficio como patrimonio cultural. Desde mucho antes Margot era admiradora de estos cultores, tanto por la tradición de música popular que ellos conservaban (cuecas y zamuecas, valses antiguos, pasodobles, tangos de la vieja guardia, corridos, entre otros), como por esas danzas de bombo y platillo, llenas de chilena picardía y galanura.
Fueron esos los años en que Margot defendió al gremio, de todas las detenciones arbitrarias de la policía (motivo por el cual ella estuvo en más de una oportunidad detenida). Veinte años después quedó de manifiesto lo visionario de su causa, cuando el Estado le concedió a este oficio los “Tesoros Humanos Vivos”, el más alto reconocimiento que la República de Chile entrega a sus patrimonios vivientes.
Prosiguió, la muestra de las danzas El Cañaveral de San Pedro de Atacama, una versión del famoso Chocolate de las Islas Chauques y una cueca perdida: “La Cueca de Pica y Matilla” que ha ido desapareciendo por el protagonismo de otras provenientes de Curicó, Ñuble y Colchagua.
Finalmente, agradeciendo la presencia de todos en un espacio tan lindo como FILSA, Oscar Cádiz se despidió del público con la cueca “La Soberana” de fondo.
Presentación del libro” Hemos hecho lo querido y hemos querido lo hecho”
En la Sala de las Artes de la Estación Mapocho, en el marco de la 37ª Feria Internacional del Libro, se presentó el libro de entrevistas realizado al músico escritor Patricio Manss, por el destacado guitarrista y compositor Horacio Salinas, que no tiene la ambición de ser un retrato definitivo, pero sí, es el punto de entrada para conocer al músico escritor. Una conversación entre pares, amigos y compañeros de trabajo, con un texto que se abre al lector de manera muy amable.
Patricio, cuenta que encontraremos desde asuntos domésticos, hasta anécdotas memorables. Exilio, infancia en el sur de Chile, conversaciones en taxi, su obsesión con los volcanes, andanzas de niño arriba de caballos, la “chupilca” como su desayuno (toma vino desde los 5 años) y su proceso creativo, son algunas de las temáticas que Horacio Salinas, nos revela en cada página. La motivación de revivir una época en la cual hacer canciones era realmente un desafío musical. Defensor absoluto de la música chilena y de la factura poética de nuestras baladas -en el extranjero incluso- afirmó que actualmente no es usual encontrar canciones como las de Patricio Manss, Violeta Parra y Víctor Jara.
Por lo tanto, el libro nace de una necesidad de hacer un estudio más detallado y cariñoso que tiene por sentido el honrar las grandes figuras fundamentales de la música chilena; que muchas veces es opacada por la música actual.
Respecto a lo anterior, Patricio piensa que antiguamente la música popular era aún menos visible, porque con suerte llegaban y sonaban en algunas partes dentro de Chile; y agrega: “Yo tengo la impresión que se dio en el tiempo una generación de autores, compositores e intérpretes de América Latina, en donde nacen, por ejemplo: Inti Illimani y Quilapayún, saliendo al extranjero y logrando mantenerse en el tiempo, generando más interés en la música popular”.
Luego, Horacio define la canción como “el resultado de la música y texto, una expertis muy particular, el oficio de hacer una canción es contar o insinuar una historia, y cuenta que el gran valor de Manss está ahí, en sus letras, hay un juego interno del texto que la hace canción, porque no cualquier texto susceptible puede serlo y ahí lo que sucede, es que en Patricio hay imágenes internas de vida que se transforman en canción”.
A lo anterior, Patricio responde entre risas que en general no ha escrito canciones y que de repente va al lado de su mujer y empieza a sacar textos de su boca, algo natural e improvisado, por lo mismo, rápidamente le pide el celular para grabarse y no olvidarse. Se define más como baladista que folclorista, un Inti llimani en comisión de servicio y orgulloso de trabajar con su amigo Horacio con el cual ha vivido grandes experiencias de vida y trabajo.
Finalmente, Horacio, al cual Patricio llama “El Loro” afirma que trabajar con Manss es lo mejor que le ha pasado en la vida, porque cuando lee sus textos, le surge de inmediato un acomodo melódico que para él es un valor muy grande porque rápidamente encierra una melodía en sus textos. Agradece a su amigo la capacidad que tiene, porque dice que “en Chile hay muy poquitas figuritas que le entregan gracia al país, cuando se habla de Chile afuera, sólo se piensa en Neruda, y creo que dentro de ese grupo de las figuras que han trascendido, está Patricio muy bien instalado, pero quiero decir que Manss es un personaje único porque no sólo ha hecho canciones memorables (más de 200), también escribe libros maravillosos como “La Historia de Terremotos de Chile”, una investigación extraordinaria.
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