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Con Su Música a Otra Parte…

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La mediocridad de la discusión de la reforma tributaria en la Cámara de Diputados ha sido tan sorprendente que Arenas ha reconocido que no le aportó los estudios que sustentan la reforma y los propios políticos han pregonado que el verdadero debate será en el Senado ¿Pará qué sirve entonces la Cámara de Diputados si son incapaces de examinar un proyecto?
Pero no es la única crítica que se le hace al parlamento. Las normas que lo rigen establecen que los parlamentarios que tienen conflictos de intereses deben abstenerse de participar en el debate y en las votaciones. Está en discusión un proyecto que quiere obligarnos a los oyentes de radio a escuchar música chilena o interpretada por chilenos, nos guste o no. Es un proyecto inconstitucional porque viola la libertad de los medios de comunicaciones y la libertad de las personas para elegir. Pero además ese 20% no es gratuito por cuanto genera derechos de autor y conexos (los ejecutantes) que será recaudado por una opaca institución, la Sociedad Chilena de Derechos de Autor, para ser distribuido entre presuntos beneficiados. Supongo que el senador Walker conoce las normas que lo inhabilitan para participar la votación porque su esposa, Cecilia Echenique, es una cantante chilena que será beneficiada por este dictatorial proyecto, recibiendo los dineros que la sociedad cobradora le entregue periódicamente cuando sus interpretaciones sean dictatorialmente trasmitidas. La retroexcavadora musical.
Por lo demás el argumento de Walker es pobre. Señala que debido a que las radioemisoras son concesionarias del espectro radial y siendo este un bien público debiera estar obligado a trasmitir lo que el Estado le ordene. El senador olvida que las concesiones del espectro radiofónico no son gratuitas y no establecen limitaciones para su uso lo que se refleja en la amplísima gama de estilos, géneros y tipos de música que trasmiten desde Bach a Los Tetas y otro tanto en los programas hablados, sin más limitaciones que no atente contra la moral y el orden público. Quedarán al margen las radios que trasmiten vía internet porque no son fiscalizables.
Si Walker tuviera razón, la prensa escrita debería destinar un 20% para publicar las partituras de música chilena y crónicas sobre los ejecutantes chilenos. Otro tanto debería ocurrir con la música ambiental. Cuecas en Starbucks. De igual modo, el 20% nos obligaría a vestirnos con trajes típicos chilenos durante 72 días al año, comer comida chilena en 144 almuerzos y comidas anuales, ver 10.368 horas de TV de farándulas y realities creados o actuados por chilenos. Para que Walker junto a la izquierda que apoya esta política esclavizante sean consistentes con lo que propician es de suponer que 20 % de sus actos diarios viven una la patriótica chilenidad, comiendo cochayuyo, vistiéndose de huaso, movilizándose en caballos chilenos y escuchando los cantos de su mujer, etc. Parece mofa pero no lo es.

 

 

Javier Fuenzalida A.

Profesor Universidad Finis Terrae

 

 

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