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Asesinato: la ley nazi aún rige en Alemania

(internacional)

El largo brazo de la ley nazi llega hasta nuestros tiempos. El Tercer Reich fue destruido pero su legislación respecto al asesinato sigue vigente y algunos de los abogados alemanes más eminentes alegan que perpetúa la injusticia y debe ser derogada.

 

Un estatuto que sobrevive desde 1941 hace que las mujeres que matan a sus esposos abusivos probablemente pasen más años en la cárcel, condenadas por asesinato, que los miles de hombres que matan a sus esposas a golpes.

 

Según la Asociación Alemana de Abogados (AAA), los nazis decidieron que un asesino era alguien que mataba «a traición» o «insidiosamente» –heimtückisch es la palabra en alemán- y esa decisión se ha mantenido hasta ahora.

 

Eso significa que si un hombre golpea a su esposa durante muchos años y al final la mata, tiene menos probabilidades de ser condenado por asesinato que por homicidio.

 

Una condena por asesinato conlleva la imposición obligatoria de cadena perpetua, mientras que si se juzga como homicidio, el castigo son cinco años en la prisión.

El argumento es que, en esos casos, no hay nada «furtivo» o «traicionero» en el acto de matar: es frontal, directo y podría haber sido anticipado.

Esta lógica se deriva de que los nazis creían que alguna gente era inherentemente débil de carácter, según le explica a la BBC Stefan Koenig, el abogado defensor que dirige el comité penal de la AAA.

 

Se trataba de definir a un asesino como alguien traicionero en vez de examinar las circunstancias en las que ocurría cada crimen, agrega.

 

Alemania Oriental tenía una legislación distinta, en la que el asesinato se juzga por la intención de matar o causar graves perjuicios. Pero con la unificación de Alemania, en 1990, la ley de la parte occidental pasó a ser la de todos.

 

La ley nazi favorecía -y todavía lo hace- a los fuertes que mataban a los débiles, apunta Koenig.

 

«En el código penal concerniente al asesinato, la persona es culpable de asesinato y no de homicidio si abusa de la indefensión de la víctima, abusando del hecho de que la víctima no anticipa ningún ataque», dice.

 

Sin embargo esa es precisamente la manera en la que muchas mujeres en relaciones abusivas terminan matando a sus parejas, señala.

 

«Si la esposa, que es más débil que el agresor, no tiene otra opción que encontrar un momento en el que él no anticipe un ataque y lo mata -por ejemplo, por la espalda, con un cuchillo, o poniendo veneno en su comida-, será condenada como asesina y pagará una cadena perpetua».

 

Los estudios estadísticos que se han hecho confirman el patrón que ha observado Koenig por experiencia propia.

 

«Encontré que las mujeres abusadas son halladas culpables de asesinato más a menudo que los hombre violentos», escribe el autor de uno de esos estudios, el profesor Dagmar Oberlies.

 

«Las mujeres que sufren por la violencia durante muchos años premeditaban la muerte de sus parejas mientras que los hombres violentos, que no tenían nada que temer, sencillamente maltrataban a sus esposas hasta que eran encontradas muertas», añade.

 

Abogados como Koenig, que quiere que cambie la ley, citan el caso de Marianne Bachmeier.

 

En marzo 6 de 1981, entró con una pistola al tribunal donde quien había matado a su hija de 7 años de edad estaba en el banquillo y le disparó.

Tras hacerlo dijo: «Ojalá esté muerto».

Lo estaba.

 

Bajó la pistola y no hizo ningún intento de escapar.

El sistema legal alemán decidió que eso no podía ser homicidio, a pesar del trauma que afligía a Bachmeier por la muerte y el abuso de su hija. Tenía que ser juzgado como asesinato pues la víctima no podría haber anticipado el ataque… al fin y al cabo, estaba en un tribunal.

 

El caso desató una ola de críticas a nivel nacional. Se transmitieron programas bajo el título «Yo también le habría disparado». Al final, pero sólo tras cuatro semanas de enrevesados debates legales, se retiraron los cargos de asesinato.

Pero el principio se mantuvo: matar a una persona que no lo está esperando tiene que ser asesinato.

 

Quienes abogan por el cambio de la ley también citan otro caso controvertido.

En 2001, Armin Meiwes publicó un anuncio en el sitio web del Café Caníbal en el que decía que buscaba a «una persona de entre 18 y 30 años de buena constitución, para ser sacrificada y luego consumida».

 

Muchos respondieron pero sólo uno no volvió a verse: Bernd Jürgen Armando Brandes, un ingeniero de Berlín.

 

Los dos hombres se conocieron el 21 de marzo y, como había prometido, Meiwes mató a Brandes y se comió algunas partes de él.

 

Nada de eso está en disputa. Hay un video: Meiwes fritó el pene de la víctima y lo condimentó con sal, pimienta, vino y ajo.

 

Meiwes se defendió diciendo que su víctima había consentido a su muerte. La ley aceptó que no podía ser asesinato pues, como había dado su consentimiento, no podía haber nada «traicionero» ni «furtivo» respecto al delito.

 

Meiwes fue sentenciado a ocho años de cárcel por homicidio.

Nuevamente hubo alboroto, acompañado de muchas discusiones sobre los detalles por parte de los abogados, y se ordenó un nuevo juicio.

 

En la segunda ocasión se decidió que se trataba efectivamente de asesinato.

Esta vez fue gracias a otra cláusula de la ley nazi con la que distinguen entre asesinato y homicidio: ciertamente no había ningún elemento de traición en el caso pero Meiwes había actuado para satisfacer su depravación sexual.

Meiwes sigue en la cárcel.

 

Eso, en cierta medida, se lo puede adjudicar al hecho de que no toda la legislación nazi sigue vigente. La mayoría fue derogada… incluyendo la pena de muerte.

 

Fuente: bbcmundo.com

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Diario El Cachapoal - Región del Libertador General Bernardo O'Higgins, Chile.
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